Con el paso de los años pueden aparecer algunos dolores o molestias con mayor frecuencia, pero esto no significa que haya que acostumbrarse a vivir con dolor. El dolor no es una consecuencia inevitable del envejecimiento y, en muchos casos, es posible identificar su causa y tratarlo o aliviarlo. Restarle importancia por pensar que “es cosa de la edad” puede hacer que se retrase la atención necesaria.
La recomendación es no normalizar ni resignarse al dolor. Si aparece un dolor nuevo, es persistente, aumenta con el tiempo o afecta a las actividades habituales, conviene comentarlo con un profesional sanitario para conocer su causa y valorar el tratamiento más adecuado. También es importante consultar si el dolor aparece de forma repentina o es intenso.