Solo hay que cambiar de postura cuando aparecen heridas. Las heridas por presión no aparecen de repente: pueden desarrollarse cuando una persona permanece mucho tiempo en la misma posición, especialmente si tiene movilidad reducida. Por eso, esperar a que aparezca una herida para cambiar de postura significa actuar demasiado tarde. Además, mantener una misma postura durante mucho tiempo puede provocar dolor, rigidez y molestias, incluso aunque la piel todavía parezca estar bien.
La recomendación es favorecer los cambios de postura y de posición de forma regular, adaptándolos a las necesidades, movilidad y estado de salud de cada persona. Siempre que sea posible, es preferible animarla a moverse por sí misma y ayudarla cuando lo necesite, utilizando cojines u otras medidas de apoyo si están indicadas. Si aparecen enrojecimientos que no desaparecen, cambios en la piel, dolor en una zona concreta o una herida, es recomendable consultar con un profesional sanitario para valorar la situación y prevenir que empeore.