Sentirse mejor no significa necesariamente que la infección haya desaparecido ni que el tratamiento pueda interrumpirse.
Los antibióticos solo deben utilizarse cuando están indicados y siguiendo la pauta prescrita.
Dejarlos antes de tiempo o modificar la pauta por cuenta propia puede hacer que el tratamiento no sea eficaz y favorecer la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos.
La recomendación es seguir el tratamiento antibiótico exactamente como haya indicado el profesional sanitario y no modificarlo ni suspenderlo por cuenta propia, aunque los síntomas hayan mejorado. Si aparecen efectos secundarios, si los síntomas empeoran o si no se produce la mejoría esperada, conviene consultar con el profesional que lo ha indicado para valorar qué hacer.