Cuidar de una persona que necesita ayuda puede suponer un esfuerzo importante, tanto físico como emocional. Pensar que un buen cuidador debe hacerlo todo por sí mismo puede acabar generando cansancio, aislamiento y frustración. Pedir ayuda no significa cuidar peor; al contrario, reconocer los propios límites y compartir las tareas ayuda a cuidar mejor.
La recomendación es recordar que para cuidar a los demás también hay que cuidarse uno mismo. Siempre que sea posible, conviene repartir las tareas con familiares o personas de confianza y contar con los recursos profesionales y comunitarios disponibles. También es importante reservar tiempo para descansar y mantener sus propias actividades. Si el cansancio se mantiene, aparecen problemas de sueño, irritabilidad, tristeza, ansiedad o la sensación de no poder más… es recomendable consultar con un profesional sanitario y pedir ayuda.
