La fiebre es una respuesta del organismo frente a una infección y abrigar demasiado al niño no hace que la infección desaparezca ni consigue que la fiebre se “corte”. Al contrario, un exceso de ropa o de mantas puede aumentar su malestar y dificultar que el cuerpo regule su temperatura. Lo importante no es conseguir que sude, sino que el niño esté lo más cómodo posible y vigilar cómo se encuentra.
La recomendación es evitar abrigar al niño en exceso y ofrecerle líquidos con frecuencia, especialmente si tiene fiebre y pierde más líquidos de lo habitual. Puede llevar ropa ligera y adecuada a temperatura ambiente. No es necesario tratar la fiebre únicamente por el número que marque el termómetro, sino valorar también el estado general del niño. Si es un bebé pequeño, la fiebre es alta o persistente, el niño está muy decaído, tiene dificultad para respirar, presenta signos de deshidratación o su estado general preocupa, es recomendable consultar con un profesional sanitario.