Mantener un buen aporte de líquidos ayuda a prevenir complicaciones y favorece el bienestar físico y cognitivo durante el envejecimiento
La hidratación en las personas mayores es un aspecto fundamental para mantener una buena salud. Con el paso de los años disminuye la sensación de sed y aumenta el riesgo de deshidratación, incluso sin que la persona sea consciente de ello. Un aporte adecuado de líquidos contribuye a regular la temperatura corporal, preservar la función renal, favorecer la digestión, prevenir el estreñimiento y proteger tanto el estado cognitivo como el físico. Además, el porcentaje de agua corporal disminuye con la edad y el organismo responde peor a los cambios en el equilibrio hídrico, lo que hace más fácil perder líquidos y más difícil recuperarlos a tiempo.
Para mantener una hidratación adecuada, los especialistas recomiendan beber líquidos de forma regular a lo largo del día, sin esperar a tener sed, ya que esta señal resulta menos fiable en edades avanzadas. También es aconsejable repartir la ingesta entre las comidas y recordar que alimentos como las frutas, verduras, sopas y caldos también aportan agua al organismo. Una buena hidratación favorece el transporte de nutrientes y oxígeno, la eliminación de desechos, el mantenimiento del volumen sanguíneo y del equilibrio de electrolitos, además de ayudar a lubricar las articulaciones y contribuir al buen funcionamiento físico y cognitivo. En personas con insuficiencia renal, cardiaca o con restricciones de líquidos, la cantidad de agua debe adaptarse siempre a la indicación médica.
Es importante consultar con un profesional sanitario si aparecen signos de deshidratación como boca seca, orina escasa u oscura, somnolencia, confusión, mareo, debilidad o un empeoramiento brusco del estado general. La valoración temprana permite actuar antes de que surjan complicaciones y reduce el riesgo de hospitalización. La enfermería desempeña un papel esencial en la educación para la salud, ayudando a las personas mayores y a sus cuidadores a identificar los factores de riesgo, promover hábitos adecuados de hidratación y detectar de forma precoz posibles situaciones de deshidratación.
