El color de los mocos puede cambiar a lo largo de un resfriado y volverse amarillo o verde, y esto no significa por sí solo que exista una infección bacteriana. La mayoría de los catarros en la infancia están causados por virus y mejoran por sí solos, sin necesidad de antibióticos. Por tanto, el color de las secreciones no permite saber si un niño necesita antibiótico.
La recomendación es no dar antibióticos por iniciativa propia ni utilizarlos solo porque los mocos sean verdes. Es preferible mantener una buena hidratación y realizar lavados nasales cuando sean necesarios para aliviar la congestión. Si los síntomas duran más de lo esperado, empeoran después de una mejoría, aparece fiebre persistente o el niño presenta dificultad para respirar, decaimiento importante u otros síntomas que preocupen, es recomendable consultar con un profesional sanitario para valorar si necesita tratamiento.
